Conservación preventiva de textiles

 

La conservación de las piezas de un museo tiene su arte, pero también tiene su ciencia. Cuando se trata de conservar tejidos únicos, de casi un siglo de antigüedad, con hilos de oro o algodón, y prevenir su deterioro, nada se puede dejar al azar. Cualquier error podría resultar catastrófico. Es necesario hacer gala de todo el arsenal de conocimiento posible, incluso cuando esto implica recurrir a los más recientes libros de química, física y biología. Estas misiones casi imposibles no pueden quedar en manos de alguien improvisado.

En este Tercer Encuentro de Textiles Mesoamericanos, Hector Meneses, director del Museo Textil de Oaxaca, nos compartió algunos consejos sobre cómo prevenir el deterioro de piezas textiles, todo esto en el Taller de Conservación Preventiva de Textiles.

El experto en restauración, nos dijo en entrevista que el objetivo de este taller es “comunicar lineamientos básicos de ayuda y referencia a las personas que tienen estos bienes patrimoniales, para que con mayor conciencia puedan tomar decisiones para guardarlos, exhibirlos o manipularlos”

Todo tipo de precauciones

La mayoría de los museos almacenan más piezas artísticas de las que pueden exhibir, es por eso que muchas de sus piezas pasan un largo tiempo en almacenamiento. Para su mejor conservación, cualquier clase de pieza está mejor en un lugar alejado de variaciones tanto de luminosidad, especialmente de los rayos ultravioleta por lo que hay que alejarse del sol.

Así también hay que prevenir variables como la temperatura y la humedad relativa, es decir, la cantidad de vapor de agua que está disuelta de manera natural en el ambiente.

Hector Meneses, mencionó en el taller que la humedad ideal está entre el 45% y el 65%, y la temperatura perfecta para almacenar es alrededor de unos 20 grados centígrados.

Lo mejor para las telas es almacenarlas en una superficie plana, de forma extendida. De esta manera, las telas no tienen que soportar tu propio peso ni ejercer fricción sobre sus propios tejidos. Cuando una tela se almacena de forma extendida, si se llega a afectar por la luz, el agua o el polvo, esto sucederá en un área menor.

Existen muchas formas de guardar una tela en una superficie plana. Los museos del mundo utilizan cajones, bandejas, estantes, o cajas. Cualquiera que sea la solución, deben permitir el fácil manejo de la tela y también estar libres de sustancias químicas que la pongan en peligro.

Por poner un ejemplo, algunos cajones pueden estar hechos de alguna madera que tenga sustancias corrosivas para el textil, esto es algo natural que hay que tener en consideración. Existen maderas especiales con un barniz especial para evitar este problema.

Una situación que puede resultar obvia, pero que no está de más considerar son los peligros de los restos de comida, estos pueden ser alimentos de plagas como ratas y polillas que no dudarán en afectar los tejidos.

A la caza de los bichos

Cuando se trata tejidos naturales, como el algodón o la seda, hay que tener mucho cuidado con todo tipo de plagas e insectos. Al que más temen los restauradores, es a la polilla Tineola Bisselliella, bueno, no exactamente a la polilla sino a sus larvas. Estas son tan pequeñas que pueden invadir fácilmente cualquier prenda de vestir.

El alimento favorito de las polillas es una sustancia llamada queratina, esta es una proteína presente en el cabello, tanto de humanos como de animales. Es por eso que hay que tener especial cuidado con las prendas elaboradas a base de lana, que como sabrán, es pelo de oveja.

Otro bicho a considerar es el escarabajo de las alfombras o carcoma, junto a sus larvas. Estos bichos hacen agujeros en la tela y llegan a manchar la tela en la misma zona.

Los hongos también representan un peligro para los textiles. Uno de ellos es el moho de toda la vida. Tienden en lugares donde hay mucha humedad y cuando la tela está en contacto con una superficie de vidrio.

Los mohos se alimentan de celulosa, sustancia principal del papel y del algodón. Como estos microorganismos digieren la celulosa, literalmente destruyen las fibras de la tela.

El Taller

A pesar de que el aspecto técnico del taller parecería muy avanzado, los asistentes al Taller de Preservación estaban familiarizados con la terminología, por lo que la clase teórica fue también una charla donde se compartieron experiencias. Además de esto, durante dos días se realizaron diversas prácticas de conservación.

Con presencia de personas de algunas partes de México y el mundo, en especial Chile y Estados Unidos, los asistentes realizaron actividades como elaboración de cajas y soportes rígidos planos para embalaje y conservación de textiles, así también para su exposición.

Además de esto, se elaboraron soportes de gancho plástico y fibra de poliéster a la medida, para poder almacenar prendas de vestir de forma correcta, así como materiales “termoplásticos” que sirvieran de soporte para la exhibición para cualquier tipo de accesorio.

En el taller también se recomendaron algunos materiales de embalaje como el plástico burbuja o la crepelina. Materiales también amigables con el medio ambiente, libres de ácidos que puedan perjudicar a las telas.

Una de las asistentes al taller, Luz Maria Braithwaite, artista textil de Santiago de Chile, nos compartió para este reseña que su interés de conservar en el tiempo las piezas, quizás en un sistema doméstico: “Me interesan los tejidos que son de lana y alpacas pues son los tejidos del norte de mi país, yo además imparto muchas clases, entonces esto sería extensivo a personas que también se están iniciando en el arte textil”.

Yuri Saldyt: “Fantástico, aprendí muchas cosas en relación de plagas y como guardar textiles, y cómo construir cajas de embalaje, porque es como origami, necesitas mucha paciencia, pero es buen entrenamiento.

Hector Meneses:

“En la Escuela Nacional de Conservación que es donde salimos la mayoría de los expertos de restauración en México se lleva el programa de unir las ciencias con las humanidades”

 

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