Doña Chona y Rockefeller:
Memorial de un galerista oaxaqueño
El Tercer Encuentro de Textiles Mesoamericanos está dedicado a la memoria de Ernesto Cervantes (1902-1985), cuya colección es uno de los principales cimientos del Museo Textil de Oaxaca y ha ayudado para transmitir la visión del textil mesoamericano y la cuestión personal. Detrás de las piezas que legó Cervantes, se encierran su historia y un profundo amor por Oaxaca; por ello, la conferencia magistral estuvo a cargo de Alejandro de Avilés, sobrino de Cervantes y curador de la exposición de su colección.
En el siglo XIX, la familia Cervantes habitaba una casa en el Centro Histórico del estado, originalmente el oratorio de San Felipe Neri, la propiedad fue adquirida por la familia después de que el Estado se separara de la Iglesia. En este contexto, Ernesto Cervantes fue el menor de cuatro hermanos; su padre, el Doctor Severo Cervantes, fue nombrado presidente municipal y más adelante, falleció por la epidemia de tifo y con esto, la familia se traslada a la Ciudad de México; primero Severo y Luis, los hermanos mayores, que más tarde se llevan a su hermana y su madre, mientras que Ernesto se queda atrás con la intención de administrar las propiedades y bienes de la familia.
Tras años sin generar dinero, su familia le pide que se instale en la ciudad de México con ellos y así, llega a la capital, que se encontraba en un momento de efervescencia social. Todas las relaciones de Ernesto se dan alrededor de Don Carlos Balmori, un millonario que realizaba negocios y para el que él y su hermano Luis, trabajaban como secretarios. Sin embargo, esto era una mentira, Don Carlos Balmori era una invención de Conchita Jurado, quien vestida de hombre interpretaba a este personaje y logró convencer a cientos de personas de la verdad de su historia. Así, convocaban a festejos en donde le hacían creer a un invitado que estaba conociendo a un multimillonario.
Al morir Conchita Jurado, es enterrada en una zona destacada del Panteón Dolores, con una tumba decorada con azulejos por la Casa Cervantes; para ese momento, las balmoreadas, nombre con el que se conoció a las bromas de Jurado, le habían permitido relacionarse con distintos personajes. Entre ellos, José Vasconcelos, que lo llevó a conocer el trabajo artístico que se estaba realizando en la Secretaría de Educación Pública, los murales de los artistas del momento, y con esto, conoce a Diego Rivera, una de las principales cabezas de este movimiento.
Pronto, Diego Rivera y Frida Kahlo se volvieron parte de su experiencia cotidiana, así como la fotógrafa Tina Modotti, ésta última toma imágenes en Oaxaca en donde se puede apreciar el bordado de cadenilla y otros avances del textil. Ernesto comenzó a vender arte popular en estos círculos, siendo los zarapes de Teotitlán los más pedidos, con estos, logró hacerse de una galería frente a Bellas Artes.
La galería, ubicada en un punto estratégico de la ciudad, contenía todo el arte popular de México, representando el norte y el sur del país. Con una vista saturada pero no ostentosa, Cervantes adquirió popularidad y así surge Casa Cervantes; en Oaxaca, este coleccionista llegó a poseer gran parte de la zona sur del Barrio de Xochimilco y logró tener más de 300 telares que producían tela de algodón para ser importadas a Estados Unidos a bajos costos en el tiempo de guerra.
En su época más próspera, Cervantes llegó a exportar un contenedor de arte popular cada semana; si bien Casa Cervantes no era el único taller, sí desarrolló un estilo que lo distinguía de los demás, ofrecían colores firmes en sus obras y al mismo tiempo, tenían variaciones de color en el teñido que no fueron imitadas por otros talleres al considerarse un error, lo que les dio el monopolio de esta mantelería.
Josephine Brown, esposa de Ernesto Cervantes, ayudó a que se produjera una línea de ropa propia de la Casa, había estudiado arte y tenía un gusto por una paleta de colores más romántica, principalmente una afición al color turquesa; juntos, adquirieron una casa antigua en el Barrio de Xochimilco y construyeron en Chapultepec, Ciudad de México. En su casa, mostraban las obras de arte que obtenían en sus viajes, utilizaban muebles y antigüedades mexicanas como decoración y principalmente, hacían uso de textiles para tapizar sus muebles o alfombrar sus espacios.
Con una afición por la fotografía de danzas indígenas y mestizas, Ernesto y Josephine capturaban a la gente en sus imágenes y tenían un especial interés en mostrar el textil en relación con el cuerpo, por ello, pedían a mujeres que utilizaran textiles y se daban la libertad de mezclar distintos tipos de telas y nuevos estilos en la indumentaria; en su indagación de blusa por México, puede apreciarse innovación, muy distinta de su base de Europa, mezclando piezas más contemporáneas con bordados tradicionales.
Gran parte del acervo de Cervantes se encontraba conservado en baúles o en la galería; sin embargo, muchas de las piezas de Casa Cervantes se perdieron con el tiempo, ya sea por cuestiones familiares o por la venta de propiedades en la Ciudad de México; sin embargo, parte de su colección es albergada por el Museo Textil de Oaxaca y se encontró exhibida en la exposición Sensibilidades Pareadas, en el marco del 10º aniversario de la institución y como parte fundamental del TEXTIM.
Texto: Amanda Sigüenza Beltrán